EQUIPO ARTÍSTICO:
Silvia García de Pé, Gonzala Martín Scherman,
Jesús Hierónides y Salvador Sanz.
DIRECCIÓN:
Mariano Llorente.
En un escenario de cualquier sitio,
de cualquier teatro, convenientemente decorado para la ocasión
de formas palaciegas, cuatro personajes barrocamente ataviados
nos producirán la inmediata impresión de estar
en Elsinor, Dinamarca, y ante al formidable drama de Shakespeare.
Huele a Hamlet por todas partes. Algo huele a podrido. Apesta
a teatro clásico.
Los actores que conforman este cuarteto disonante e inarmónico
son a veces personajes que se asemejan a Ofelia, a Claudio,
a Gertrudis, a Hamlet. Y, al mismo tiempo, en el mismo plano,
estos cuatro actores conforman una banda de pueblo enloquecida
y banal. No son más agudos en su análisis de las
cosas que lo que puedan ser unos tipos que “arreglan el
mundo” en torno a unas cañas en la barra de un
bar.
Desde esa tensión, desde esa contradicción violenta,
desde ese amor por Shakespeare, desde la inevitable certeza
de que nos tenemos que morir por muchos atavíos barrocos
que nos pongamos y de que los personajes teatrales sobrevivirán
a los actores que los encarnan, arranca este Hamlet para morirse
de risa y de estupor.